Protestantes: Servicio y Fe en España

cristobal 22 April 2026 7 min de lectura
Protestantes: Servicio y Fe en España

En el Madrid y la Sevilla de finales del siglo XIX, decir que eras protestante era casi lo mismo que decir que eras un extranjero en tu propia tierra. La Inquisición había dejado de funcionar apenas décadas antes. La Constitución toleraba —apenas— que alguien rezara diferente, siempre que no lo hiciera en público, siempre que no pareciera una iglesia, siempre que nadie se enterara demasiado. En ese ambiente de sospecha y de silencio forzado, un puñado de hombres y mujeres decidieron que su fe no podía quedar encerrada entre cuatro paredes. Que si el Evangelio era verdad, tenía que verse. Y lo que se vio fue esto: escuelas para los que no podían pagar, casas para los huérfanos que morían en las calles, y consultas médicas abiertas en el interior de las propias capillas.

Esta es la historia de algunos de ellos. No leyendas piadosas inventadas para inspirar. Historia documentada, con nombres, fechas y calles que todavía existen.

«No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.» — 1 Juan 3:18


I — El Contexto: Una España Cerrada

Para entender lo que estos hombres hicieron, hay que entender primero dónde lo hicieron. La España de 1869 acababa de vivir una revolución liberal que, por primera vez desde la Reforma del siglo XVI, concedía cierta tolerancia religiosa. Los protestantes españoles que llevaban años exiliados en Gibraltar regresaron. Algunos venían de predicar clandestinamente durante décadas. Otros habían sido encarcelados. Varios habían visto morir a compañeros.

El general Prim, en una célebre entrevista con los pastores Juan Bautista Cabrera y José Alhama en Algeciras, les dijo algo que quedaría grabado en la memoria evangélica española: «Cada hombre será dueño de su conciencia, y podrá profesar su fe lo mejor que le parezca… están en libertad de entrar en España con la Biblia bajo el brazo y predicar las doctrinas en ella contenidas.» Era una promesa histórica. Pero la realidad social seguía siendo áspera.

Los evangélicos eran vistos con desconfianza por la mayoría católica. No podían construir edificios que parecieran iglesias. Periódicos conservadores los llamaban traidores. En ese contexto, la única manera de ganarse el corazón del pueblo era exactamente la que Jesús ya había mostrado: servir. Y sirvieron.


II — Francisco Palomares García: El Pastor que también era Doctor

Francisco Palomares García (Requena, Valencia, 1835 — Sevilla, 1915) Sacerdote católico convertido al protestantismo, teólogo, doctor en Medicina y cofundador de la Iglesia Española Reformada Episcopal. La ciudad de Sevilla le dedicó una calle en 1933. Está enterrado en el Cementerio Protestante de San Jerónimo.

Nacido en Requena, Francisco Palomares había sido ordenado sacerdote católico en 1858. Ocupó cargos en parroquias rurales, fue rector de colegios y administrador de seminarios. Era, desde afuera, un clérigo más del siglo XIX español. Por dentro, sin embargo, algo estaba cambiando. En algún momento, leyendo las Escrituras con una honestidad que le costó todo, llegó a la conclusión de que el Evangelio que predicaba Roma no era el mismo Evangelio que predicaba Pablo.

Abandonó el sacerdocio y se marchó a Londres. Allí se convirtió al protestantismo de convicción profunda. Regresó a España en 1870 e instaló en Sevilla como pastor de lo que acabaría siendo la Iglesia Española Reformada Episcopal. Tomó como iglesia el antiguo templo de San Basilio, en la calle Relator de la Macarena sevillana.

El médico de los menesterosos

Pero Palomares no se contentó con predicar el Evangelio desde el púlpito. En 1875, con cuarenta años y siendo ya pastor, tomó una decisión extraordinaria: matricularse en la carrera de Medicina. Se doctoró en 1882, con especialidad en el estudio de la «coqueluche» (tos ferina), una enfermedad que devastaba a los niños pobres.

Abrió consulta médica en el interior de la propia iglesia de San Basilio. Su dedicación lo llevó a desarrollar un jarabe propio que aliviaba el mal. El pueblo de Sevilla lo llamó, sin ironía, «el jarabe protestante». Preparó también una pomada conocida como el «Ungüento de la calle Relator», que se siguió vendiendo en las farmacias de Sevilla hasta tiempos recientes.

Domingo tras domingo, en la iglesia de San Basilio, se predicaba el Evangelio a pocos metros de la tumba de un antiguo inquisidor. Palomares puso en marcha escuelas públicas de las que salieron jóvenes que se convirtieron en el motor de su propio barrio.


III — Federico Fliedner: El Alemán que Amó Madrid como si fuera Suya

Federico Fliedner (Kaiserswerth, Alemania, 1845 — Madrid, 1901) Pastor, editor, pedagogo y filántropo. Fundó la Casa de Huérfanos de Madrid, el Colegio El Porvenir (1897) y la Librería Nacional y Extranjera. Murió de tifus. Está enterrado en el Cementerio Civil de Madrid.

Federico Fliedner llegó a España en 1869. Había nacido en el hogar de Teodoro Fliedner, el pastor alemán que fundó la célebre Obra de las Diaconisas. La fe activa —la que cuida enfermos y educa a los pobres— era el aire que había respirado desde niño.

La Casa de los que no tenían casa

Lo primero que golpeó a Fliedner fue la cantidad de niños huérfanos en Madrid. Fundó la Casa de Huérfanos. Para el verano, consiguió el antiguo convento desde el que Felipe II había supervisado El Escorial para albergar a los niños; que un protestante usara la casa del rey más católico para cuidar huérfanos tiene una poética redención histórica.

En 1873 fundó la Librería Nacional y Extranjera, publicando la Revista Cristiana y El Amigo de la Infancia, publicación que incluso Miguel de Unamuno consultaba.

El Porvenir: una escuela para los de abajo

El 31 de octubre de 1897 inauguró el Colegio El Porvenir en la calle Bravo Murillo. Fue el primer colegio de coeducación mixta en España. Sus alumnos eran en su mayoría de familias muy humildes. Fliedner se había doctorado con el premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, quien calificó su tesis sobre higiene escolar de «admirable».

Murió en 1901 de tifus, enfermedad de los pobres. Tenía cincuenta y seis años. La Fundación que lleva su nombre sigue activa hoy.


IV — Lo que Todo Esto Significa Teológicamente

Palomares y Fliedner no servían a los pobres como una estrategia de marketing. Servían porque entendían que la gracia de Dios no solo perdona: transforma. El Evangelio no produce hombres que miran el mundo con distancia, sino personas que vuelcan el amor recibido hacia afuera.

La tradición reformada nunca separó la piedad personal de la responsabilidad social. No era filantropía secular; era la convicción de que el ser humano es creado a imagen de Dios y exige ser tratado con dignidad.

«La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.» — Santiago 1:27


V — Un Legado que Habla Hoy

No es casualidad que estas historias estén enterradas. La España posterior a la Guerra Civil silenció estas memorias. Recuperarlas es un acto de justicia histórica y un espejo para nosotros: ¿Qué hace tu fe que sea visible?

No se les pedía ser famosos, sino amar de hecho y en verdad. Palomares lo hizo con un jarabe y una consulta; Fliedner con un orfanato y libros. Ambos sirvieron en una España que no los quería, siguiendo a un Señor que tampoco fue bienvenido.

«Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis…» — Mateo 25:35–36


Fuentes y Lecturas Recomendadas

  • Protestante Digital: «El protestantismo en Sevilla: Francisco Palomares»
  • Escritorio Anglicano / IERE: «Nuestro primer Pastor: Dr. Francisco Palomares García»
  • Wikipedia (ES): «Francisco Palomares García», «Federico Fliedner», «Protestantismo en España»
  • Francisco Serrano Álvarez: Contra vientos y mareas. Editorial Clie, 2000.
  • Ana Rodríguez Domingo: Memorias de la familia Fliedner. Gayata Ediciones, 1997.
  • Fundación Federico Fliedner: fliedner.es — Bravo Murillo, 85, Madrid.
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