Uno de los grandes errores del cristiano moderno es pensar que las herejías son reliquias del pasado, polvo teológico enterrado bajo siglos de concilios y credos. Nada más lejos de la verdad. Las herejías son como semillas: germinan, mueren aparentemente, y vuelven a brotar con nuevos nombres, nuevas músicas y nuevas iglesias. La historia de la Iglesia es, en gran medida, la historia de una batalla doctrinal que no ha cesado.
En esta serie exploraremos las grandes herejías históricas que la Iglesia visible tuvo que enfrentar y condenar, rastreando su reaparición en el panorama religioso contemporáneo. Comenzamos con una de las más antiguas y persistentes: la herejía unitaria o unicitaria, conocida en sus formas históricas como monarquianismo modalista o sabelianismo, y hoy resurgida con fuerza bajo el movimiento Oneness Pentecostal.
“Hay que guardar la fe una vez dada a los santos.” — Judas 1:3
I. Los Orígenes Históricos: El Monarquianismo Modalista
El problema teológico detrás de la herejía
En los siglos II y III de la era cristiana, la Iglesia enfrentaba una tensión aparente: si Dios es uno (monoteísmo), ¿cómo puede el Padre ser Dios, el Hijo ser Dios y el Espíritu Santo ser Dios sin que haya tres dioses? Esta pregunta legítima recibió dos respuestas heréticas y una respuesta ortodoxa.
La respuesta herética que nos ocupa recibió el nombre de monarquianismo (del griego monarchía: gobierno de uno solo). Sus defensores querían preservar a toda costa la unidad y soberanía única de Dios. Hasta ahí, el instinto era correcto. Pero en su afán por resolver la tensión, negaron la distinción real entre las personas de la Trinidad.
Surgieron dos variantes del monarquianismo:
- Monarquianismo dinámico o adopcionista: Cristo era un hombre que fue «adoptado» como Hijo de Dios en su bautismo. (Hereje representativo: Pablo de Samosata.)
- Monarquianismo modalista: Padre, Hijo y Espíritu Santo no son personas distintas sino tres modos o manifestaciones de un único Dios. Este es el error que nos ocupa hoy.
Noeto de Esmirna (finales del siglo II)
El primer gran exponente conocido del modalismo fue Noeto de Esmirna, activo hacia el año 180 d.C. Noeto enseñaba que el Padre mismo sufrió en la cruz, posición que llevaría el nombre de patripassianismo (el Padre sufre). Su lógica era simple pero devastadora: si Cristo que murió es Dios, y Dios es uno, entonces fue el Padre quien murió. Los presbíteros de Esmirna lo excomulgaron, pero sus ideas sobrevivieron.
Hipólito de Roma (c. 170–235), uno de los teólogos más prolíficos del período, refutó directamente a Noeto en su obra Contra Noeto, señalando que su doctrina destruía la distinción real entre el Padre que envía y el Hijo que es enviado, contradiciendo el testimonio bíblico en su conjunto.
Praxeas y Tertuliano
Hacia finales del siglo II, un maestro llamado Praxeas llevó estas ideas a Roma y Cartago. Fue el gran teólogo norteafricano Tertuliano (c. 155–240) quien salió a su encuentro con uno de los escritos más brillantes de la patrística temprana: Adversus Praxean (Contra Praxeas).
Tertuliano pronunció la célebre frase que resumía la postura ortodoxa frente al modalismo:
“Praxeas hizo dos diabluras en Roma: ahuyentó al Paráclito y crucificó al Padre.”
En esa misma obra, Tertuliano fue el primero en utilizar el término latino trinitas (Trinidad) y acuñó la fórmula una substantia, tres personae (una sustancia, tres personas), sentando las bases del lenguaje trinitario ortodoxo que los concilios posteriores adoptarían.
Sabelio y el «sabelianismo» (siglo III)
El exponente más sofisticado y conocido del modalismo fue Sabelio, maestro activo en Roma hacia el año 215 d.C. Sabelio elaboró una teología modal más sistemática: Dios es una única mónada (unidad indivisible) que se revela bajo tres aspectos distintos o prósopon (rostros, máscaras). Como el sol tiene disco, luz y calor sin ser tres soles, Dios es Padre en la creación y la ley, Hijo en la encarnación y la redención, y Espíritu Santo en la santificación, pero es el mismo sujeto único en todos los casos.
El papa Calixto I excomulgó a Sabelio alrededor del año 220 d.C., aunque la teología de Calixto propio era sospechosa de inclinaciones modales. El teólogo Orígenes también respondió al sabelianismo, aunque con sus propios desequilibrios doctrinales en dirección opuesta.
Desde entonces, el modalismo recibe con frecuencia el nombre de sabelianismo, y la palabra sigue siendo útil hoy para identificar cualquier doctrina que niegue la distinción real y eterna entre las tres personas divinas.
II. La Condena Conciliar: La Iglesia Habla con Claridad
El Concilio de Nicea (325 d.C.)
Aunque el Concilio de Nicea se convocó principalmente para responder al arrianismo (que negaba la plena divinidad del Hijo), el Credo Niceno resultante también condena implícitamente el modalismo al afirmar que el Hijo es «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma esencia (homoousios) que el Padre». La distinción entre el que engendra y el engendrado es real, no meramente modal.
El Concilio de Constantinopla (381 d.C.)
El Primer Concilio de Constantinopla amplió y refirmó el Credo Niceno, afirmando con igual claridad la plena divinidad y distinción personal del Espíritu Santo: «que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo recibe la misma adoración y gloria». Esta formulación trinitaria eliminaba cualquier posibilidad ortodoxa de reducir al Espíritu Santo a una mera «fase» o «modo» de Dios.
El gran teólogo de este período, Gregorio de Nacianzo, uno de los llamados Capadocios, articuló con precisión quirúrgica la doctrina trinitaria ortodoxa: tres hipóstasis (personas/subsistencias), una ousía (esencia/sustancia). Esta distinción conceptual enterraba filosófica y teológicamente al sabelianismo.
El Símbolo Atanasiano (Quicumque Vult, c. siglo V)
El llamado Símbolo Atanasiano o Quicumque vult, aunque probablemente no escrito por Atanasio sino compuesto en Occidente hacia el siglo V, constituye la condena más explícita y detallada de ambas herejías extremas: el triteísmo y el sabelianismo. Sus primeras líneas son contundentes:
“Veneramos a un solo Dios en la Trinidad y a la Trinidad en la unidad, sin confundir las personas ni dividir la sustancia. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo… Así que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios; y sin embargo no hay tres Dioses, sino un solo Dios.”
Este símbolo fue recibido y confessado por la Iglesia tanto en Oriente como en Occidente, y forma parte del tesoro ecuménico de la fe cristiana. Las tradiciones reformadas lo han reconocido expresamente como definición ortodoxa de la doctrina de Dios.
III. El Resurgimiento Moderno: El «Pentecostalismo Unicitario» o Oneness Pentecostal
El nacimiento de una nueva herejía antigua
En 1913, en el contexto de un campamento de avivamiento pentecostal en California, un predicador llamado John G. Scheppe afirmó haber recibido una revelación sobre el «poderoso nombre de Jesús» y la fórmula bautismal del libro de los Hechos. Lo que siguió fue una crisis doctrinal que fracturó el joven movimiento pentecostal.
Un grupo de ministros comenzó a enseñar que la Trinidad era una doctrina pagana y antibíblica, que Jesús era el nombre completo y único de Dios —Padre, Hijo y Espíritu Santo—, y que el bautismo debía administrarse «en el nombre de Jesús» solamente (no en la fórmula trinitaria de Mateo 28:19). Esta posición fue rápidamente conocida como Oneness («unicidad» o «unidad») o «solo Jesús».
En 1916, las Asambleas de Dios, entonces en formación, adoptaron una «Declaración de Verdades Fundamentales» afirmando explícitamente la Trinidad y rechazando la doctrina unicitaria. Miles de ministros que sostenían la nueva doctrina fueron expulsados o se separaron, formando lo que eventualmente se organizaría como la United Pentecostal Church International (UPCI), fundada en 1945 y hoy el mayor cuerpo denominacional del pentecostalismo unicitario.
¿Qué enseña exactamente el movimiento unicitario?
La teología unicitaria, aunque con variaciones internas, sostiene consistentemente las siguientes posiciones:
- Dios es absolutamente uno: No existe ninguna distinción de personas dentro de la divinidad. La Trinidad es una invención post-apostólica de origen helénico o pagano.
- Jesús es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: Estos no son personas distintas sino títulos, roles o manifestaciones del único Dios, cuyo nombre propio es Jesús. En la encarnación, el Padre se hizo carne en Cristo.
- El bautismo en «el nombre de Jesús» es esencial para la salvación: La fórmula trinitaria de Mateo 28:19 sería una abreviación cuyo «nombre» cumplido es Jesús. El bautismo en agua es, para muchos, condición sine qua non de la regeneración.
- Hablar en lenguas es la evidencia inicial del Espíritu Santo: Posición compartida con el pentecostalismo trinitario, pero aquí articulada en un contexto soteriológico diferente.
En términos históricos, esto es sabelianismo con vestidura pentecostal y énfasis cristológico. La estructura del error es idéntica: un único sujeto divino que aparece sucesivamente en tres «modos» o «funciones», sin distinción personal real.
Principales organizaciones unicitarias en la actualidad
- United Pentecostal Church International (UPCI) — con presencia global, especialmente fuerte en América Latina
- Apostolic Assembly of the Faith in Christ Jesus — con gran implantación en la comunidad hispana de EE.UU. y México
- Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús — México y América Latina
- Pentecostal Assemblies of the World (PAW) — Estados Unidos
- Numerosas iglesias independientes «apostólicas» o «del nombre de Jesús» sin afiliación formal
Se estima que el pentecostalismo unicitario cuenta con varios millones de adherentes en el mundo. Su crecimiento en América Latina ha sido especialmente notable, con iglesias que combinan una liturgia exuberante, mensajes altamente emocionales, y una doctrina que, en su centro, niega la Trinidad del Dios bíblico.
IV. Refutación Bíblica: Las Escrituras Testifican Contra el Modalismo
La distinción de personas en el Nuevo Testamento es real, no teatral
Si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son simplemente tres máscaras de un mismo actor, entonces muchos textos del Nuevo Testamento se convierten en teatro cósmico sin sentido real. Consideremos algunos de los más elocuentes:
El bautismo de Jesús (Mateo 3:16-17)
“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.”
En este texto, el Hijo está siendo bautizado en el agua, el Espíritu desciende sobre Él en forma visible, y el Padre habla desde los cielos. Los tres son simultáneamente activos y distintos. El modalista debe retorcer el lenguaje al límite para explicar cómo una sola persona habla a sí misma, desciende sobre sí misma y recibe voz del cielo sobre sí misma. El texto no da pie a esa lectura.
La oración de Jesús (Juan 17)
“Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti.” — Juan 17:1
Si el Hijo y el Padre son el mismo sujeto, la oración del Getsemaní y las del Discurso de Despedida son un monólogo consigo mismo que no tiene sentido comunicativo real. La oración presupone un Orante y un Oyente. El Hijo le habla al Padre como a Alguien distinto de Sí mismo.
El Consolador que el Padre envía (Juan 14:16)
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”
El Hijo ruega al Padre. El Padre envía al Espíritu. Son tres agentes distintos en una misma obra de gracia. La palabra «otro» (állos en griego, que denota distinción numérica) es incompatible con el modalismo.
El Padre que envía al Hijo (Juan 3:16-17; 5:36-37; 6:44)
El lenguaje de «envío» atraviesa todo el Evangelio de Juan. El que envía y el enviado no son idénticos: ser enviado implica una relación real entre dos sujetos distintos. El Hijo puede decir «el Padre que me envió» (Juan 5:37) porque el que envía es una persona distinta de la que es enviada.
La promesa del Espíritu como «otro» (állos)
En Juan 14:16, Jesús usa el término griego állos —«otro del mismo tipo»— para referirse al Espíritu Santo, en contraposición a héteros, que designaría algo de naturaleza diferente. Esto implica que el Espíritu es de la misma naturaleza divina que el Hijo, pero es numéricamente otro. Un ser modal no puede ser «otro» de sí mismo.
Mateo 28:19: Un texto clave distorsionado
“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”
Los unicitarios argumentan que este «nombre» es Jesús, citando las prácticas bautismales del libro de Hechos. Pero el texto mismo es demoledor para su posición:
- La palabra «nombre» está en singular (ónoma), pero va seguida de tres títulos distintos con la conjunción «y» repetida. Esto apunta a una unidad que subsiste en tres distintos, no a una identidad modal.
- Las tres designaciones —Padre, Hijo, Espíritu Santo— son relacionales y distintas. El Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Espíritu.
- Las referencias en Hechos al bautismo «en el nombre de Jesús» son fórmulas de autoridad cristológica y distinción respecto al bautismo de Juan, no una fórmula litúrgica alternativa que contradiga el mandato de Mateo 28.
V. Respuesta Teológica Reformada: La Doctrina Trinitaria como Corazón del Evangelio
La Trinidad no es un misterio prescindible
La teología reformada, fiel a las categorías de los concilios ecuménicos y a los grandes catecismos y confesiones del siglo XVI y XVII, sostiene que la doctrina de la Trinidad no es un tecnicismo académico sino el corazón mismo de la revelación cristiana y del evangelio de gracia.
El Catecismo de Heidelberg (1563), pregunta 25, afirma con claridad:
“Puesto que hay solo un Dios, ¿por qué nombras tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo? Porque Dios así se ha revelado en su Palabra: que estas tres personas distintas son el único Dios verdadero y eterno.”
La Confesión de Westminster (1646), capítulo II, artículo 3, declara:
“En la unidad de la Deidad hay tres personas de una misma sustancia, poder y eternidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. El Padre no es engendrado de nadie ni procede de nadie; el Hijo es eternamente engendrado del Padre; el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo.”
Esta formulación recoge quince siglos de reflexión bíblica y teológica acumulada. No es filosofía griega injertada en el evangelio: es la gramática mínima necesaria para decir correctamente quién es el Dios que salva.
Por qué el modalismo destruye el evangelio
La herejía unicitaria no es solo un error teórico sobre metafísica divina. Toca el núcleo mismo de la salvación:
- Destruye la mediación: El evangelio descansa en que el Hijo eterno asumió nuestra naturaleza y se presentó ante el Padre como nuestro sustituto y abogado (1 Tim. 2:5; 1 Jn. 2:1). Si el Hijo y el Padre son el mismo sujeto, no hay mediador real: hay un Dios hablando consigo mismo.
- Destruye la intercesión: Cristo «vive siempre para interceder» por nosotros (Heb. 7:25). ¿Ante quién intercede si Él mismo es el Padre? La intercesión requiere dos sujetos realmente distintos.
- Destruye el amor eterno intratrinitario: «Dios es amor» (1 Jn. 4:8) no porque ama a las criaturas —lo cual es contingente— sino porque en su ser eterno el Padre ama al Hijo y el Hijo al Padre en la comunión del Espíritu (Juan 17:24). El sabelianismo destruye este amor eterno al eliminar la distinción real de personas.
- Distorsiona el bautismo y la adopción filial: En el bautismo cristiano, el creyente es unido a Cristo y adoptado como hijo del Padre mediante el Espíritu (Rom. 8:15-17; Gál. 4:4-6). Esta obra trinitaria de adopción requiere tres personas realmente distintas actuando en plenitud de sus roles.
La postura reformada sobre la herejía unicitaria
La tradición reformada, siguiendo a Calvino, los Padres Reformadores y los grandes credos ecuménicos, considera el unicitarismo una herejía que niega el Dios revelado en las Escrituras. No se trata de una diferencia menor de énfasis o un error periférico: es una negación de la doctrina de Dios tal como se ha entendido desde los apóstoles.
Juan Calvino, en su Institución de la Religión Cristiana (Libro I, Cap. XIII), respondió a los «servetistas» y «antitrinitarios» de su época con precisión y contundencia, señalando que quienes niegan la distinción de personas en la Trinidad no adoran al Dios de la Biblia sino a un ídolo forjado en su propia mente:
“Los que imaginan una sola persona en Dios, mezclando al Padre, al Hijo y al Espíritu, destrozan la Escritura.” — Calvino, Institución I.XIII.5
Esto implica que las iglesias unicitarias, independientemente de su fervor, musicalidad o crecimiento numérico, predican un evangelio fundado sobre una comprensión falsa de Dios. La evangelización responsable exige señalar este error con claridad y amor.
VI. Cómo Identificar y Responder al Unicitarismo Hoy
Señales de advertencia
Cuando interactúes con iglesias o individuos de trasfondo pentecostal o apostólico, las siguientes afirmaciones deben encender una señal de alerta:
- «La Trinidad es una doctrina pagana inventada en Nicea.»
- «Jesús es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.»
- «El nombre de Dios es Jesús.»
- «El bautismo trinitario no es bíblico; hay que ser bautizado en el nombre de Jesús solamente.»
- «Sin bautismo en agua y sin hablar en lenguas no hay salvación.»
Preguntas útiles para el diálogo
En lugar de una confrontación inmediata, estas preguntas pueden abrir espacio para una conversación genuina:
- «Cuando Jesús oraba al Padre, ¿con quién hablaba?»
- «En el bautismo de Jesús (Mt. 3:16-17), si Jesús es el Padre, ¿quién habló desde el cielo mientras Jesús estaba en el agua?»
- «¿Qué significa Juan 17:5 cuando Jesús habla de la gloria que tenía “con el Padre” antes de la fundación del mundo?»
- «¿Cómo explica Hebreos 7:25 que Cristo intercede ante alguien, si ese alguien es Él mismo?»
El amor verdadero exige la verdad doctrinal
Algunos creyentes reformados sienten un impulso de suavizar la evaluación del unicitarismo para no parecer sectarios o divisivos. Pero el amor genuino no puede separarse de la verdad. Quien predica un Dios que no es el Dios trino de la Biblia predica, por más que lo ignore, «otro evangelio» (Gál. 1:6-9). La responsabilidad pastoral y evangelizadora exige señalar el error con claridad, humildad y compasión, precisamente porque el Dios verdadero —Padre, Hijo y Espíritu Santo— importa.
“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” — Gálatas 1:8
Conclusión: El Dios Trino No Admite Sustitutos
La herejía unicitaria es sabelianismo con guitarra eléctrica. Ha cambiado de vestimenta, de siglo y de continente, pero su error doctrinal es idéntico al que la Iglesia condenó en los siglos II y III: la negación de la distinción real y eterna de las tres personas divinas. No es una diferencia menor. Es la diferencia entre el Dios que es, el Dios que salva y el Dios que habita en sus redimidos.
El Padre nos eligió antes de la fundación del mundo. El Hijo tomó nuestra carne y llevó nuestra culpa al madero. El Espíritu Santo nos regenera, mora en nosotros y nos sella hasta el día de la redención. Esta es la economía trinitaria de la salvación. Quitad la Trinidad y quitáis el evangelio.
La fe reformada no celebra la doctrina trinitaria como un trofeo de batalla intelectual. La celebra porque es la única manera fiel de hablar del Dios que se ha revelado en su Palabra, del Dios que es —en sí mismo y desde la eternidad— amor, comunión y gloria.
“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.” — 2 Corintios 13:14
Para Seguir Estudiando
- Calvino, Juan — Institución de la Religión Cristiana, Libro I, Capítulo XIII
- Tertuliano — Adversus Praxean (Contra Praxeas)
- Hipólito de Roma — Contra Noeto
- Warfield, B.B. — The Biblical Doctrine of the Trinity
- Letham, Robert — The Holy Trinity: In Scripture, History, Theology and Worship
- Bavinck, Herman — Dogmática Reformada, Vol. II (Dios y la Creación)
- Símbolo Atanasiano (Quicumque vult) — texto completo
- Reed, David A. — “In Jesus’ Name”: The History and Beliefs of Oneness Pentecostals
