Las provisiones de Dios en la naturaleza

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Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Génesis 1:28

LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Salmo 8

Aquí Dios confirma lo que ha dicho anteriormente sobre el señorío. El hombre fue creado con la condición de que pusiera la tierra a su servicio; pero ahora, al oír lo que el Señor le ha dado, recibe el pleno disfrute de su derecho.

Moisés lo expresa más detalladamente en el versículo siguiente, cuando dice que Dios concede al hombre las hierbas y los frutos. Es de gran importancia que no toquemos ninguna provisión de Dios a excepción de la que sabemos que podemos tocar, puesto que no podemos disfrutar de nada con una conciencia tranquila a menos que lo recibamos de la mano de Dios. Pablo nos enseña, pues, que, a menos que la fe esté presente, pecamos al comer y al beber (Ro. 14:23).

Se nos enseña a buscar únicamente en Dios aquello que necesitamos. Debemos meditar acerca de su bondad y su cuidado paternal hasta en la mismísima utilización que hagamos de sus dones. Puesto que Dios viene a decir: «Observa cómo preparé alimento para ti antes de que fueras formado siquiera. Reconóceme, por tanto, como tu Padre, que con tanta diligencia proveyó para ti cuando ni siquiera habías sido creado. Y no solo eso, mi cuidado de ti llega más lejos aún. Tu tarea era cuidar de las cosas que se te habían encomendado, pero me he responsabilizado hasta de eso. Aunque, en un sentido, hayas sido nombrado padre de la familia terrenal, pues, no debes preocuparte en exceso por el sustento de los animales».

MEDITACIÓN:

Dios ha provisto de forma maravillosa para nuestras necesidades y nos ha concedido el señorío sobre la tierra que creó. No es un pecado, por tanto, utilizar lo que Dios nos ha entregado. No obstante, nuestro señorío debe ser sabio y benevolente; no debemos maltratar o consumir irresponsablemente la buena creación de Dios, sino cuidarla como buenos mayordomos.

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