Si puede lo más, puede lo menos

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San Juan 8:23-24, 28

23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo 24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis….28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.

Jesucristo al término de la fiesta de los Tabernáculos de los judíos, realizó el milagro de la sanidad de un ciego de nacimiento, Sus palabras fueron, “Mientras que estoy en el mundo, soy la luz del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, hizo lodo con la saliva, y untó el lodo en los ojos del ciego” (Juan 9:5-6).


En el último día de la fiesta de los Tabernáculos Jesucristo hizo dos grandes declaraciones, primero se refiere a sí mismo como el agua verdadera “si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37) y luego dice “yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12)., estas palabras que por cierto rechazaron los líderes religiosos, podemos cuestionarlas también diciendo, cualquiera pudo pararse en medio del templo y decir estas palabras.


Pero Jesucristo no solamente pronunció estas dos grandes declaraciones, sino como relata el evangelio fueron precedidas por la sanidad de un paralítico que esperaba el movimiento del “agua” del pozo para ser sanado, y en forma posterior a estas declaraciones, le otorga la “vista” (la luz) a un ciego de nacimiento.


En Galilea cuando Jesus enseñaba en presencia de fariseos, trajeron un paralítico, les preguntó a los fariseos “que es más fácil, decir “tus pecados te son perdonados” o decir “levántate toma tu lecho y ánda””, la lógica dice que es más fácil decir “tus pecados te son perdonados” por cuanto no hay manera de confirmar el hecho; ante el silencio de los fariseos, Jesús dice al paralítico “levántate, toma tu lecho y anda”, confirmando su declaración del perdón de sus pecados, por cuanto “si puede lo más, puede lo menos”.


Lo que el Evangelio de Juan enseña es que Jesucristo “es” el Templo, ya que el agua de la fiesta lo representa a Él, la luz de la fiesta lo representa a Él, los pórticos del Templo lo representan a Él, y los
sacrificios realizados en el Templo representan Su sacrificio supremo en la cruz.

“yo pongo mi vida para volver a tomarla, nadie me la quita, sino que yo la doy por mi propia cuenta”

Jn 10: 17-18

La tumba vacía es una señal, un sello, un testimonio silencioso de la veracidad de las afirmaciones de Jesús y la destrucción del Templo hace casi 2.000 años (70 d.c.), es la confirmación que el Templo era figura de Jesucristo y una vez venido el Cristo, el templo judío ya no se necesita más.


Jesucristo llama a todas las personas, en todo lugar, a que se arrepientan, crean y doblen sus rodillas ante Él, porque Él es verdaderamente digno de nuestra alabanza y lealtad.


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