El aborto en el inicio de la historia cristiana

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Por Waldo Pacheco

La lectura de la Historia de la Iglesia Cristiana lamentablemente no se ha socializado en las congregaciones de nuestro tiempo, aún algo peor, pues se ignora. Dicha ignorancia ha privado de conocer la posición inicial de los primeros cristianos a una cantidad de temas los cuales hoy, algunos de dichos tópicos, vuelven a ser recurrentes de sacar a luz, como el caso del aborto.

Y en cuanto a esto del aborto, dentro de los evangélicos chilenos, existe un sector que habiendo mantenido su opción por la izquierda socializante desde los ´70, estos llamados cristianos, junto a una generación nueva de evangélicos, como se han rendido al progresismo, en su mayoría están de acuerdo con aquellos que promueven el aborto libre, pues no solo simpatizan con otras propuestas de la izquierda, sino que además han elaborado razones que rayan en el consentimiento implícito, principalmente en estudiantes de teología, profesores de instituciones teológicas, y en estos días ciertas postulantes al proceso constituyente.

Generalmente a quienes nos hemos referido arriba, hoy la aceptación del aborto libre no la comunican abiertamente, y guardan silencio en cuanto a oponerse, pero en los primero cristianos, de ellos la historia del cristianismo, como la historia de la primera literatura cristiana, nos atestigua que abiertamente personajes reconocidos en la iglesia primitiva se opusieron al aborto.

Este es el caso del gran Tertuliano. Eusebio de Cesarea en su magna obra editada a inicios del siglo IV, conocida hoy como “Historia Eclesiástica”, nos da a entender que Tertuliano reunía una solida instrucción científica especialmente en lo jurídico, pues por su trabajo como abogado en Roma, “conocía con exactitud las leyes romanas” (Eus. Hist 2,2,4,). Este jurisconsulto, fue, después de su conversión al cristianismo, uno de los conversos provenientes del paganismo culto, no solo paso a ser un prolífico escritor, sino que además en del sector latino nadie lo supero en su trabajo teológico hasta la aparición de el gran San Agustín.

Dentro de la cantidad de obras importantes que escribió, una de ellas es la “Apología contra los gentiles”, o comúnmente llamado “El Apologético”, escrito fechado ya para el año 197. En cuanto a este escrito, el cual leí hace más de dos décadas atrás por primera vez en una versión editada por la antigua Ediciones Ercilla, publicada en 1938, y que en palabras del patrologo, un erudito de la patrología cristiana como lo fue Berthold Altaner, nos afirma en su libro “Patrología”, que dicho escrito ” va dirigido a los prefectos de las provincias del Imperio romano”, en que desde lo literario se traslada dicha “apologética del campo filosófico al jurídico”.

En este planteamiento en hacer ver las injusticias que se cometían contra los cristianos, los cuales estaban desamparados ante las leyes, y la injusticia de aquello a todas luces, y para contrarrestar las acusaciones sin bases, nos entrega una cantidad de información relevante incluida en aquella defensa escrita, la cual nos pone al tanto, en una parte de su discurso jurídico de como los primeros cristianos pensaban sobre el nefasto crimen del aborto.

Citare de Tertuliano el texto compilado por Ropero, donde se nos da a entender como la iglesia primitiva pensaba con respecto al aborto: “8. A nosotros, en cambio, una vez que el homicidio nos está prohibido, tampoco nos es lícito matar al infante concebido en el seno materno, cuando aún la sangre pasa al ser humano desde la madre. Es un homicidio anticipado impedir nacer, sin que importe se quite la vida tras nacer o que se destruya al que nace. Hombre es también el que ha de serlo, así como todo el fruto está ya en la simiente”. Algunas consideraciones a tener además en cuenta. Primeramente, hemos de considerar que Tertuliano conocía bien las leyes romanas, y ya en la antigua tradición romana existía una preocupación por respetar el proceso, la vida en gestación intrauterina.

Este dato queda recopilado dentro del llamado Digesto, tomado de una antigua sentencia que emanada el año 81 a. C., que indicaba: “se dispone la pena de exilio para la mujer que haya abortado voluntariamente”. En segundo lugar, si bien el termino “persona” y “ser humano”, hoy en razón a la jurisprudencia moderna tiene connotaciones donde no hay unidad de criterio necesariamente para aplicar siempre, notamos que Tertuliano ya al nasciturus le llama “ser humano”. Ante lo trascendente de esto ultimo, copiamos lo que al pie de página de la recopilación de donde sacamos la cita, se indica con respecto a lo que el jurista Tertuliano ha indicado: “Homo est et quie est futurus [Hombre es también el que ha de serlo], argumento clave contra el aborto utilizado por los cristianos desde el principio.”

Para ir terminando, tenemos testimonios que el aborto libre fue rechazado abiertamente por los primeros cristianos de la zona latina, no solo por el común de ellos, sino que también por hermanos en la fe que se habían especializado dentro del campo de la jurisprudencia, como fue el gran Tertuliano. Así que para sus decisiones de políticas publicas para bien de nuestro país, aprenda a detectar a aquellos que haciéndose llamar hermano (na), son pro aborto libre.

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