La epístola de Bernabé

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La Epístola de Bernabé es un tratado cristiano de 21 capítulos, escrito en griego, con algunas características de epístola. Ha sido preservado en el Codex Sinaiticus del siglo IV, donde aparece al final del Nuevo Testamento y antes del Pastor de Hermas. Algunos Padres de la Iglesia la atribuyeron a Bernabé, colaborador y compañero de Pablo de Tarso, mencionado en el libro de Hechos de los Apóstoles, pero hoy se atribuye a cualquier maestro cristiano desconocido, sin excluir que haya tenido también él el nombre Bernabé.

Se divide en dos secciones, la primera (capítulos 1–17) es teórica y trata de la interpretación del Antiguo Testamento. El autor polemiza contra la interpretación literal y considera que debe interpretarse en forma espiritual (o sea alegórica). Considera que el judaísmo se equivocó al interpretar literalmente la Ley. Por ejemplo, dice que Dios no quiere sacrificios, sino la ofrenda de un corazón arrepentido; no le interesa que nos abstengamos de la carne de animales impuros, sino que renunciemos a los pecados simbolizados por aquellos animales (9-10), alegando que sobre “el cerdo lo dijo por lo siguiente: “No te juntarás —dice— con hombres tales que son semejantes a los cerdos; es decir, que cuando lo pasan prósperamente, se olvidan del Señor, y cuando se ven necesitados, reconocen al Señor, al modo que el cerdo, cuando come, no sabe de su señor; mas cuando tiene hambre, gruñe y, una vez que toma su comida, vuelve a callar”; el águila, el halcón, el gavilán y el cuervo son animales que simbolizan hombres que logran su pan cotidiano por la rapiña y toda suerte de iniquidad, en vez de ganarse su sustento con un trabajo honrado y el sudor de su frente (14:4).

Cuando el Génesis dice que el mundo fue creado en seis días, hay que tener en cuenta que para Dios un día son como mil años y “el Hijo de Dios vendrá de nuevo a juzgar a los impíos y a cambiar el sol y la luna y las estrellas, y el día séptimo descansará; entonces amanecerá el sábado del reino milenario (15:1-9,) aunque ya en la epístola el autor declara que, ya en su época, “se acerca el fin de los tiempos”. Expone la doctrina de la preexistencia del Hijo de Dios, que se encarnó en Jesucristo, y la importancia del Bautismo como símbolo de que quien lo recibe es adoptado como hijo de Dios y transformado en templo del Espíritu Santo. La segunda sección (capítulos 18–21), que contiene la enseñanza de los Dos Caminos, es práctica, pues se refiere a la vida cristiana, la ética y la moral. Así como la Didaché, expone que el ser humano puede seguir un camino de luz y vida que se propone señalar o un camino de tinieblas y muerte que propone evitar.

Clemente de Alejandría describe al autor de la epístola como “Bernabé, el mismo que predicó con el apóstol, en el ministerio de los gentiles”; y Orígenes cita la obra como “epístola católica de Bernabé” y la toma por autoridad para sentar su doctrina sobre los ángeles.2​

Cuando se comenzó a clasificar las obras cristianas como canónicas o no canónicas, Eusebio de Cesarea la pone entre los libros “espurios” (νόθοι), no entre los “admitidos”. La clasifica también como uno de muchos libros “discutidos”, pero no la mete entre “los libros discutidos y que, sin embargo, son conocidos de la gran mayoría” (es decir, Epístola de Santiago, Segunda epístola de Pedro y Segunda y Tercera epístola de Juan). En cuanto al Apocalipsis, Eusebio dice que algunos lo rechazaban pero otros lo metían entre los “admitidos”.3​

Jerónimo de Estridón la clasificaba como un texto apócrifo.4​ Inserida en el Codex Claromontanus se encuentra una lista de libros presentados como canónicos. Del Nuevo Testamento faltan, probablemente por un error del copista, la Epístola a los filipenses y la Primera y la Segunda epístola a los tesalonicenses. Fuera de los libros generalmente aceptados hoy en día como constitutivos del Nuevo Testamento, la lista contiene otros cuatro marcados como de dudosa o disputada canonicidad: la Epístola de Bernabé, el Pastor de Hermas, los Hechos de Pablo y Apocalipsis de Pedro.5​ Al final de la Cronografía de Nicéforo de Constantinopla (758 – 829) se encuentra un catálogo de libros canónicos, disputados (antilegomena) y apócrifos del Antiguo y Nuevo Testamentos. El catálogo, que es una estichometría, es decir, indica el número de las líneas de cada obra, coloca entre los antilegomena del Nuevo Testamento la Epístola de Bernabé junto con el Apocalipsis, el Apocalipsis de Pedro y el Evangelio de los hebreos.6​7​ Actualmente las iglesias no la consideran canónica.

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