QUIENES FUERON LOS PURITANOS?

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En la mente popular, el término Puritano evocaba la imagen de un austero, engreído, lleno de justicia propia, un aguafiestas cazador de brujas.

El puritanismo inglés surgió en los años de 1560. tuvo su origen en Inglaterra posterior a la Reforma Inglesa, durante el reinado de Isabel I de Inglaterra.

Durante el siglo XVI, un sector importante de la Iglesia de Inglaterra sentía que la ruptura definitiva con la Iglesia Católica Romana no se había terminado de producir, ya que buena parte de la liturgia y las creencias seguían siendo muy similares.

Para los puritanos la Biblia era en verdad la posesión más preciosa que el mundo podría permitirse. Su convicción más profunda era que la reverencia a Dios significaba reverencia por las Escrituras, servir a Dios significa obediencia a las Escrituras. Por lo tanto, para su mente no podría darse un insulto mayor al Creador que rechazar su palabra escrita, y por el contrario, no podría haber un acto de reverencia más elevado que apreciarla, estudiarla con detenimiento y luego vivirla y enseñarla a otros.

LA PREDICACIÓN PURITANA

La predicación puritana consistía, pues, en una especie de consejería preventiva, ya que se aplicaban las verdades de la Palabra a la conciencia. Para cumplir este propósito, cada sermón se dividía en dos partes principales:

Doctrina y uso. El resultado fue una predicación profundamente teológica y eminentemente práctica.

En una explicación de Hebreos 8:10, el comentarista puritano William Gouge (1575-1653) destacaba:

Los ministros han de imitar a Dios y realizar su mejor esfuerzo para instruir al pueblo en los misterios de la santidad y enseñarles que creer y practicar, para entonces conducirlos a obrar, de que practiquen lo que se les enseñó. De otra manera es posible que su labor sea en vano, el no hacer esto es una de las razones principales por las cuales muchos hombres caen en tantos errores como lo hacen en estos días.

La era posterior a la Reforma produjo varios expositores importantes incluyendo a algunos puritanos. Estos últimos, eran predicadores más que nada. La predicación era tan central que muchos de los puritanos la enfatizaron colocando sus púlpitos, con su Biblia abierta, en el centro del local para que fuera el foco de la iglesia en su lugar del altar. Para los puritanos, “la verdadera predicación es la exposición de la Palabra de Dios”. No es una mera exposición del dogma o la enseñanza de la iglesia (…)

La predicación, decían, es la exposición de la Palabra de Dios; y, por lo tanto, debe controlarlo todo”. Lloyd-Jones también sugiere que los puritanos percibieron la predicación como la marca distintiva del verdadero cristianismo al compararla con la religión. Mientras la religión (Islam, etc.) enfatiza lo que el hombre hace en su intento de agradar y aplacar a su Dios, el cristianismo es primordialmente un escuchar a Dios; el cristianismo es Dios buscando al hombre, manifestándose, acercándosele. Esto, creo yo está en el origen de la idea puritana de colocar la exposición de la Palabra en el lugar céntrico de la predicación”.

Willian Perkins (1558 – 1602), un antiguo expositor puritano, tuvo una profunda influencia sobre todo en el movimiento puritano. Percibía la predicación de la Palabra como la presentación del testimonio de Dios mismo, idea desarrollada en The Art of Prophesying (El arte de profetizar), el primer manual de su clase para predicadores en la Iglesia Anglicana. Perkins identificó cuatro principios para guiar al predicador:

  1. Leer en forma clara el texto de las Escrituras canónicas.

2. Ofrecer el sentido y la comprensión del mismo, interpretándolo mediante las Escrituras mismas.

3. Recoger unos pocos y provechosos puntos de doctrina del sentido natural.

4. Aplicar las doctrinas, recogidas apropiadamente, a la vida y las costumbres de los hombres en forma simple y sencilla.

Perkins también enseñó que el conocimiento para exponer la Escritura sólo pertenece a Cristo. El hombre recibe la capacidad para interpretar un pasaje de la Escritura por otro, pero sólo como un regalo de Cristo.

Muchos siguieron esta humilde pero noble tradición. Ocasionalmente predicaron por varias horas a la vez, creyendo que “ninguna verdad bíblica puede presentarse en menos de una o dos horas”. Acerca de los puritanos, Webber observa:

Algunos de los predicadores de aquellos días derivaron sus divisiones y subdivisiones del texto, pero estas con mayor frecuencia se basaban parcialmente en los pensamientos del texto y, en parte, en ideas sugeridas por la naturaleza general del tema.

Esta pasión por el análisis minucioso frecuentemente se dio mediante el sacrificio de la claridad y el estilo literario. Empero, los puritanos en su totalidad estaban dominados por un sentido de la presencia de Dios. Procuraron ser fieles a la Palabra y a su predicación sencilla y práctica. Algunos de los principales predicadores puritanos que demostraron gran habilidad como expositores fueron José Hall (1574 – 1656), Tomás Goodwin (1600 – 1680), Ricardo Baxter (1615 – 1691), y Juan Owen (1616 – 1683), Hablando Goodwin, Brown comenta:

Al compararlo con eminentes contemporáneos como Juan Owen y Ricardo Baxter, se ha dicho que Owen predicó fervorosamente al entendimiento, razonando en base a su crítico y devoto conocimiento de la Escritura; Baxter predicó enérgicamente a la conciencia, razonando en base a la competencia de las cosas; mientras que Goodwin apeló a los efectos espirituales, razonando en base a su propia experiencia religiosa e interpretando la Escritura mediante el conocimiento de un corazón renovado.

La diversidad de estilo entre los puritanos es sorprendente en vista del patrón de consagración a una explicación fiel del texto que todos tenían en común. Cada uno tenía su énfasis propio, como se muestra en la famosa frase de Baxter, que dijo: “Yo predico como si jamás fuera a predicar de nuevo, como un hombre moribundo para hombres moribundos”.


Otros expositores puritanos importantes, fueron Tomás Manton (1620 – 1677), Juan Bunyan (1628 – 1688) y Esteban Charnock (1628 – 1680). Además Guillermo Creenhill (1581 – 1677), un expositor puritano, predicó una gran seri de conferencias acerca de Ezequiel. Todos estos hombres fueron estudiantes diligentes de la Palabra. Buscando explicar claramente las verdades de la Escritura a otros

CONFIANZA EN DIOS

El compromiso puritano con la Palabra de Dios proviene de su devoción a Dios como su Autor.

” La cuestión más grave delante de la Iglesia es siempre Dios mismo y lo más portentoso acerca de cualquier hombre no es lo que él en un momento dado puede decir o hacer, sino lo que en la profundidad de su corazón concibe acerca de cómo es Dios. Por una secreta ley de nuestras almas tendemos a movernos hacia nuestra imagen mental de Dios. Esto es verdad no sólo para cada creyente,
sino para todos lo que componen la Iglesia. Siempre lo más revelador acerca de la Iglesia en su idea de Dios, tanto como su más significativo mensaje es lo que ella dice o no de El. El distinguido teólogo inglés del siglo diecisiete, Thomas Watson, es quien mejor capta el énfasis puritano sobre el amor a Dios en su explicación: ” El amor a Dios hierve y se derrama, pero no se agota. El amor a Dios, de la misma manera que es sincero y sin hipocresía, también es constante y sin apostasía.” El grado
de amor a Dios excede toda medida, y que el Señor es la quintaesencia de todo lo bueno. Siendo que Dios es supremo en nuestra precepción, debe ser también supremo en nuestros afectos.

EL CONCEPTO PURITANO DEL PECADO

Es en su actitud hacia el pecado que el puritanismo contrasta de un modo tan agudo con nuestra época. En su concepto, la naturaleza humana fue radicalmente defectuosa, caracterizada por su inclinación al mal y aversión a lo bueno. Muchos evangélicos modernos han reemplazado el realismo bíblico de los puritanos con un concepto superficial y ligero del pecado.

Hoy en día, el pecado se ha redefinido como el resultado de una aflicción demoníaca o una conducta adictiva. En cualquier caso, el pecador se tiene como víctima y, por tanto, sin responsabilidad de sus acciones.

Los puritanos, en cambio consideraban el pecado como criminal y l e prestaban mucha atención. Como observa un historiador: ” El pecado era el recipiente de la repulsa mayor que los fieles puritanos podrían expresarle porque amenazaba el orden social, violaba la razón y sobre todo resumía la antítesis de aquello que profesaban amar con más intensidad: ” el Señor”.

Pecado es darle las espaldas a la adoración de Dios, para adorar el ego. El aspecto más importante acerca de la humanidad es que estamos adorando a las criaturas. Autoadoración, pues, está en el centro del problema del pecado.

Comentario sobre los Puritanos(Charles Spurgeon)

“Los puritanos fueron los más resueltos protestantes de la nación; calvinistas celosos; predicadores cálidos y afectuosos.

Eran las personas más pías y devotas de la tierra; hombres de oración en lo secreto y en público, así como en el seno de sus familias. Su estilo de devoción era ferviente y solemne, dependiente de la ayuda del Espíritu Divino. Tenían una profunda reverencia para el santo nombre de Dios, y eran enconados enemigos no sólo de los juramentos profanos, sino de la plática insensata y de las burlas.

Eran estrictos observantes del día del Señor, dedicando todo el día a la devoción en público y en privado y a la caridad. Era marca distintiva de un puritano, en aquellos tiempos, verlo asistir a la iglesia dos veces al día, con su Biblia bajo el brazo. Y mientras otros se dedicaban al juego y a las distracciones, a las parrandas, a caminar por los campos, o a la diversión del boliche, la esgrima, etcétera, estos, desde la víspera del día de reposo, se dedicaban con la familia a leer las Escrituras, a cantar salmos, a repasar sermones, a catequizar a sus hijos y a la oración. Y esta actividad la llevaban a cabo no sólo el día del Señor, sino que tenían sus horas de devoción familiar durante los días de semana; eran circunspectos en cuanto a todo exceso en la comida y en la bebida, en la ropa, y las diversiones sanas.

Eran frugales, diligentes, honestos en sus tratos, y solícitos en dar a cada quien lo que le correspondía.” Ese es un noble testimonio hacia la verdad puritana y el poder del Evangelio. Un sabio infiel dice que los calvinistas y jansenistas, “cuando son comparados con sus antagonistas, se han destacado, no en menor
grado, en las virtudes más rígidas y respetables; ellos han sido un honor para su propia época, y el mejor modelo de imitación para las generaciones sucesivas.”

Imagínense a un infiel hablando así. Creo que fue infiel quien dijo: “vayan a escuchar a un arminiano para oír hablar de buenas obras; pero vayan a un calvinista para ver cómo exhibe esas obras.” Y aun el doctor Priestly, que era un unitariano, admite que: “los que sostienen las doctrinas de la gracia, se
conforman menos al mundo y tienen un principio mayor de religión, que nuestros propios seguidores: y quienes, con base en un principio de la religión, atribuyen más a Dios y menos al hombre que otros, tienen la mayor elevación de piedad.”

Charles Spurgeon

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