Votar como un amigo de Dios ¿Se puede?

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Por Guilherme de Carvalho

Continúo con mi responsabilidad, que es menos la de comentarista político y más la de curar almas.

Bálsamos necesitan ser aplicados en esas nuestras heridas de cristianos-politizados. Así que, vamos a otro asunto más.

La manera correcta de votar de un cristiano: ¿existe algo así? Como primera cosa, un cristiano debería votar como vota cualquier ciudadano; se puede decir que él tiene, más que los demás, la obligación de votar lo mejor que pueda, ya que carga con la responsabilidad del testimonio y del Nombre de Dios, pero el mejor voto a su alcance seguirá siendo el mejor voto posible que un pagano será capaz de dar, informado por el mejor juicio político, por las mejores intenciones morales y por el mayor compromiso republicano.Pero en ese caso, el adjetivo “cristiano” sería totalmente innecesario.

Permítanme insistir un poco más: ¿qué podría presentar un voto cristiano que lo diferencie del mejor voto pagano? Hay, en verdad, una respuesta: aquello que le falta al voto pagano, que es la relación consciente con el Señorío de Cristo.

En este punto podríamos admitir que esa relación consciente, si está unida a un carácter maduro, a una mente clara, y a una intuición política privilegiada, tal vez sea incluso capaz de producir un voto cualitativamente superior al de un pagano. Porque armado de nociones bíblicas de poder, de justicia, de consideración por la dignidad humana y del sentido de la historia, el cristiano podrá, tal vez, juzgar mejor los aspectos ideológicos, morales y estratégicos del voto. Tal vez, si además de esas buenas cualidades, el elector dispusiera de buena formación técnica en ciencia política, los mejores ejemplos paganos son superados.

Pero eso sería, por ahora, pedir demasiado al momento presente. El juicio político de la mayor parte de los cristianos no es suficientemente bien informado (incluso porque hay, desde las varias frentes de guerra política, una multiplicidad de acciones desinformativas) sobre las cuáles son los asuntos más importantes y sobre cómo jerarquizarlos. El nivel de entrenamiento intelectual de la masa cristiana no difiere de la masa brasileña.

Y si hay frecuentemente entre cristianos una sensibilidad moral aguzada, falta por otro lado una doctrina moral y social consistente en la comunidad evangélica. Ejemplo de eso es el amplio desconocimiento del decálogo, la más básica instrucción moral de la tradición judeocristiana. Eso no significa que la fe del cristiano particular no pueda tener un gran impacto positivo sobre su voto. Tal vez ese voto aún sea cualitativamente inferior al mejor voto de su vecino agnóstico, pero aún es mucho mejor que el voto de ese cristiano si no fuera cristiano.

Si la fe de ese cristiano trae a él una mayor integración existencial, mayor responsabilidad moral e histórica, mayor interés por asuntos políticos, e incluso algunas categorías bíblicas válidas para juzgar esos asuntos, podemos decir que la relación consciente con Cristo puede mejorar la calidad del voto, de un punto de vista temporal. Y esto es cierto, incluso si esta mejora se traduce en un hecho objetivo comparable al voto de un vecino agnóstico que, siendo mejor ciudadano y agente político que el cristiano, votaría técnicamente mejor que este de todos modos.

Pero consideremos lo que el cristiano puede hacer a diferencia del pagano; lo que puede hacer más allá de los recursos de la carne, aquello que marca la diferencia. Aquí, sí, ¡entramos en otro terreno!


DÓNDE ESTÁ LA DIFERENCIA

El cristiano puede operar a partir de las virtudes teológicas de la fe, de la esperanza y del amor; puede decepcionarse más completamente del desempeño de los políticos y de los electores, por conocer la profundidad de la Caída; puede leer de manera diferente la historia, por la conciencia generada por el Espíritu Santo, de que en Cristo la historia alcanzó su telos y su conclusión substancial.

En el centro de todo: puede tener, por ayuda de la gracia, otro corazón. Teniendo otro corazón, puede negarse a violar el primer y el último mandamiento del decálogoel primero, de tener otros dioses, y el último, de codiciar las cosas.

Él puede, entonces, abstenerse de idolatrar instituciones políticas como el Estado, o ideologías como el liberalismo y la democracia; o agentes políticos como el partido o el candidato X. Él también puede evitar el otro lado de la moneda de la idolatría política: la concupiscencia política, que es la ansiedad, la desesperación, la euforia desmedida y el desánimo arrasador. Esa codicia sigue visible: entusiasmo desmedido con el candidato que puede vencer, o el partido que crece, o la ideología; con el deseo de obtener poder para controla, en vez de oportunidades de servicio. Con ese deseo inmenso podemos incluso rechazar los resultados de las elecciones, o tener como propósito máximo ganar el poder independientemente de las elecciones.

Y esa codicia nos llevará a la guerra:


¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros? Ustedes codician y no tienen, por eso cometen homicidio. Son envidiosos y no pueden obtener, por eso combaten y hacen guerra. No tienen, porque no piden. Piden y no reciben, porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres. ¡Oh almas adúlteras! ¿No saben ustedes que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

(Santiago 4:1-4) 


Eso nos lleva a mi primer punto: el cristiano, por adorar a Dios, exclusivamente, y por sufrir el cuchillo de la circuncisión en su codicia, tiene la posibilidad de no ser amigo del mundo. Esa es una posición difícil. ¿Cómo no ser amigo del mundo? Sí, claro, es necesario ser amigo de Dios; pero Santiago se acerca a su víctima por atrás; se ve que ustedes no son amigos de Dios sino del mundo porque ustedes no son más que personas frustradas.

NO SEAS ELECTOR FRUSTRADO.

Los codiciosos son personas terriblemente frustradas porque sus sueños parecen irrealizables y, no pudiendo lanzar sus dardos contra Dios, entran en guerra con los idiotas. Y los idiotas son nuestros hermanos, parientes, vecinos, conciudadanos. La codicia indomada es el animal rabioso que llora, gruñe y ladra, “muerto” de frustración.

A las puertas de las elecciones, vemos muchas denuncias proféticas que son ciertamente necesarias. Pero más allá de los profetas, vemos otras cosas: hermanos iracundos, “poniendo seudónimos” a los electores de opinión contraria e incluso en los indecisos.Sí, es legítimo el gesto de defensa de quien entiende ser cierto partido o cierto candidato una grave amenaza nacional. Pero el cristiano no está liberado de imitar a Cristo cuando resiste a los enemigos de Cristo. Y mucho menos está autorizado a combatir a Satanás con las armas de Satanás: noticias falsas, desinformación, garabatos, troleo, asedio moral, destrucción de la imagen y de la reputación, manipulación sentimental de la rabia y del resentimiento.

Por eso son las “guerras”; en esas cosas guerreamos y matamos. Y a causa de esas guerras es la concupiscencia, el deseo de controlar el mundo y la vida, de hacerlo moldearse a mi propia imagen. Amigos del mundo son los codiciosos frustrados y, por eso, airados; e insistiendo en eso, no pueden comprender al amigo de Dios.

EL AMIGO DE DIOS

Este es el que conoce la única solución para esas guerras: llevar a la cruz la codicia, desistir de controlar el mundo, reconocer el Señorío de Cristo, para transformarse en alguien que sirve al mundo y es un amigo de Dios.¡Abraham es amigo de Dios! Porque él se dispuso a caminar, no solamente hacia el frente, sino también hacia arriba. Abraham buscaba la ciudad que tiene los fundamentos, de la cual Dios es el arquitecto y constructor, y no era la mera polis terrenal. Parece bello, pero Abraham tuvo que poner el cuchillo en el pescuezo de su propio hijo. Es así que entendemos que el hombre es circuncidado cuando el cuchillo de la cruz corta su corazón de piedra y lo hace sangrar, para luego la operación contínua de la cruz, de fe en fe, lo lleva al punto de tomar con las propias manos y circuncidarse de sus sueños, de su tierra, de su hijo, de su candidato, de su partido, de su ideología, de su relevancia histórica, de su importancia histórica. Tener a Isaac pero no tenerlo; tenerlo como si no lo tuviese y, entonces, tenerlo verdaderamente: esa es la estrategia del “como si no”.


VOTE “COMO SI NO”

Pido permiso al lector para releer un famoso texto paulino. O mejor, para replicar ese texto paulino al momento presente. Aguante la extrañeza y medite en estas palabras:


Pero esto digo, hermanos: el tiempo ha sido acortado; de modo que de ahora en adelante los que tienen candidato sean como si no lo tuvieran; los que lloran la derrota política, como si no lloraran; los que se regocijan con la victoria política, como si no se regocijaran; los que votan, como si no votaran; los que son ciudadanos brasileños, como si no lo fueran; porque la apariencia de este mundo es pasajera.

(1ª Corintios 7:29-31) 

¿Cómo alguien puede “hacer” algo como si no lo hiciera? 

¿Votar como si no votase? ¿Militar como si no militase? Ahora, haciendo todas esas cosas con plena conciencia de su fugacidad, de su transitoriedad. Note -necesito destacar- que Pablo no propone la inacción. En el texto original los asuntos citados por el apóstol son el comprar, el vender, el usar las cosas de este mundo, el reír, el llorar… Todas esas cosas deben ser hechas, y bien hechas. Pero su corazón no puede ser capturado por ellas. No puede estar adherido al candidato, al modelo político, a la ideología, al partido, al momento histórico. Cierta trascendencia debe ser sentida.

Sí, eso sería un pathos político inaceptable, casi inútil a la política secular. “¿Qué hacer con un militante que no apuesta todo en la causa?” Pero mi hermano… si tú apuestas todo en la causa secular, ¿qué quedará para la causa de Cristo?

En la fe, la esperanza y el amor, nuestras pasiones políticas deberán ser desinfladas, aplacadas, pacificadas. Ellas deberán hacerse proporcionales, bellas, enjuiciadas. Pensaremos con más claridad, tendremos más paciencia, ofenderemos menos los unos a los otros. Participaremos del proceso político con corazones menos codiciosos, menos asesinos, más divinos.

Seremos menos amigos del mundo y más amigos de Dios.

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